Al menos quince policías murieron y dos resultaron heridos ayer al estrellarse un helicóptero envuelto en una operación contra la banda criminal Clan Úsuga en el noroeste de Colombia, informaron fuentes oficiales.
La aeronave, tipo Blackhawk, viajaba entre las poblaciones de Carepa y Chigorodó, y se precipitó a tierra en esa zona de la región de Urabá por causas que son objeto de investigación.
Operativo contra banda criminal. Los uniformados formaban parte de los comandos jungla de la Policía, un equipo de élite especializado en operativos en zonas selváticas.
Entre los fallecidos hay dos capitanes, un subteniente, dos suboficiales y diez patrulleros.
Desde hace meses la Fuerza Pública está desarrollando diferentes operativos contra el Clan Úsuga, la mayor banda criminal del país, nacida tras la desmovilización de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Ese grupo tiene su bastión en la selvática región del Urabá, donde desarrollaban su operativo los policías.
Muerte de 11 militares. El pasado viernes, un avión de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) se estrelló en una zona rural del municipio de Agustín Codazzi (norte), en un hecho en el que murieron once militares.
miércoles, agosto 05, 2015
Viviendas ponen en riesgo categoría de terminal aérea
La construcción ilegal de viviendas en la parte posterior del Aeropuerto de El Alto pondría en riesgo la categoría internacional de la terminal aérea, motivo por el que personeros ediles notificaron a los presuntos propietarios para que éstos presenten la documentación que avale su legitimidad, según informó la Alcaldía en un boletín.
“Esta es una propiedad municipal en la que estamos resguardando el patrimonio estatal. Es un problema que no sólo pertenece a nuestro distrito, sino a toda la ciudad de El Alto, inclusive a La Paz, porque es el aeropuerto más importante del departamento”, dijo la asesora jurídica del Distrito 4, Jenny Conde, citada en el documento oficial.
Según las declaraciones de la jurista, el folio real con el que se cuenta indica que los terrenos en los que 30 construcciones se encuentran en ejecución pertenecen al Municipio de El Alto, por lo que las mismas serían clandestinas y deberán ser demolidas luego de un proceso legal.
Durante la notificación, las personas que recibieron la boleta de paralización de obras aseguraron tener el Derecho Propietario de los 30 terrenos, cada uno de aproximadamente 200 metros cuadrados, sin embargo, no pudieron solventar su hipótesis, puesto que presentaron una fotocopia simple que indica la posesión conjunta de la totalidad de lotes.
“Anteriormente, por una situación similar en el mismo sector se ha hecho un proceso administrativo que ya tiene una resolución ejecutada sobre 96 lotes, en los que las construcciones serán demolidas en los próximos días”, afirmó Conde.
La funcionaria explicó que en caso de que los interesados no presenten los documentos requeridos hasta la tercera notificación, se procederá a la demolición total de las edificaciones para evitar perjuicio al aeropuerto alteño.
“Esta es una propiedad municipal en la que estamos resguardando el patrimonio estatal. Es un problema que no sólo pertenece a nuestro distrito, sino a toda la ciudad de El Alto, inclusive a La Paz, porque es el aeropuerto más importante del departamento”, dijo la asesora jurídica del Distrito 4, Jenny Conde, citada en el documento oficial.
Según las declaraciones de la jurista, el folio real con el que se cuenta indica que los terrenos en los que 30 construcciones se encuentran en ejecución pertenecen al Municipio de El Alto, por lo que las mismas serían clandestinas y deberán ser demolidas luego de un proceso legal.
Durante la notificación, las personas que recibieron la boleta de paralización de obras aseguraron tener el Derecho Propietario de los 30 terrenos, cada uno de aproximadamente 200 metros cuadrados, sin embargo, no pudieron solventar su hipótesis, puesto que presentaron una fotocopia simple que indica la posesión conjunta de la totalidad de lotes.
“Anteriormente, por una situación similar en el mismo sector se ha hecho un proceso administrativo que ya tiene una resolución ejecutada sobre 96 lotes, en los que las construcciones serán demolidas en los próximos días”, afirmó Conde.
La funcionaria explicó que en caso de que los interesados no presenten los documentos requeridos hasta la tercera notificación, se procederá a la demolición total de las edificaciones para evitar perjuicio al aeropuerto alteño.
martes, agosto 04, 2015
Se desmaya en pleno vuelo
Hace unos días esta noticia se hizo viral, se trata de un chico que se desmayó en pleno vuelo. El motivo fue que él llevaba 12 mudas de ropa, una sobre otra, para no pagar demás. Es que la línea aérea le quiso cobrar un monto económico por concepto de sobrepeso en la maleta.
James McElvar, un joven de 19 años y miembro de la banda de música Rewind se desmayó en pleno vuelo, en la ruta que iba de Londres a Glasgow, Escocia.
Se cree que este desvanecimiento se debe a que él se puso 12 capas de ropa y así no pagar el exceso de equipaje que la compañía le exigía, con un costa de 45 libras, equivalente a 50 dólares.
Hoy el miembro del grupo “Rewind” está estable y ya junto a sus compañeros, pero este llegó a desmayarse hasta en dos ocasiones durante el vuelo a causa del golpe de calor que sufrió.
El joven aseguró que apenas podía dar un paso con tanta ropa. "Era imposible caminar, apenas pude entrar en el avión. Quería quitármelo todo, una vez llegara a mi asiento, que además el asiento de al lado estaba libre y podía haber dejado ahí mis cosas, pero me dijeron que tenía que esperar a que estuviésemos en el aire", aseguró McElvar.
Una vez en el asiento de su vuelo a Glasgow, comenzó a quitarse ropa, pero empezó a notar que no se encontraba bien y que su temperatura corporal era demasiado alta.
"Sabía que algo iba mal en cuanto no respiraba con normalidad, creía que me iba a dar un ataque al corazón. Fue una pesadilla. Me desmayé dos veces y una ambulancia estaba esperándome una vez en Glasgow", aseguró el joven.
De acuerdo a sus declaraciones, el cantante se puso cuatro jerseys, seis camisetas, tres pares de pantalones, dos pantalones de jogging, dos chaquetas y dos gorras.
“El resto de la banda ya habían pasado el control, por lo que no podía pasarle nada de ropa”, dijo.
"Para los lectores que se preguntan, James está bien. Está siendo atendido en el hospital ahora en Glasgow y les manda todo su amor", se puede leer en el tuit que la banda escribió para tranquilizar a sus fans sobre el estado de salud del artista.
James McElvar, un joven de 19 años y miembro de la banda de música Rewind se desmayó en pleno vuelo, en la ruta que iba de Londres a Glasgow, Escocia.
Se cree que este desvanecimiento se debe a que él se puso 12 capas de ropa y así no pagar el exceso de equipaje que la compañía le exigía, con un costa de 45 libras, equivalente a 50 dólares.
Hoy el miembro del grupo “Rewind” está estable y ya junto a sus compañeros, pero este llegó a desmayarse hasta en dos ocasiones durante el vuelo a causa del golpe de calor que sufrió.
El joven aseguró que apenas podía dar un paso con tanta ropa. "Era imposible caminar, apenas pude entrar en el avión. Quería quitármelo todo, una vez llegara a mi asiento, que además el asiento de al lado estaba libre y podía haber dejado ahí mis cosas, pero me dijeron que tenía que esperar a que estuviésemos en el aire", aseguró McElvar.
Una vez en el asiento de su vuelo a Glasgow, comenzó a quitarse ropa, pero empezó a notar que no se encontraba bien y que su temperatura corporal era demasiado alta.
"Sabía que algo iba mal en cuanto no respiraba con normalidad, creía que me iba a dar un ataque al corazón. Fue una pesadilla. Me desmayé dos veces y una ambulancia estaba esperándome una vez en Glasgow", aseguró el joven.
De acuerdo a sus declaraciones, el cantante se puso cuatro jerseys, seis camisetas, tres pares de pantalones, dos pantalones de jogging, dos chaquetas y dos gorras.
“El resto de la banda ya habían pasado el control, por lo que no podía pasarle nada de ropa”, dijo.
"Para los lectores que se preguntan, James está bien. Está siendo atendido en el hospital ahora en Glasgow y les manda todo su amor", se puede leer en el tuit que la banda escribió para tranquilizar a sus fans sobre el estado de salud del artista.
Amaszonas Apuesta por el mercado turístico
La línea aérea Amaszonas, que desarrolló una fuerte expansión en rutas internacionales, asumió una nueva estrategia empresarial al concentrarse en los mercados corporativos y turísticos de Bolivia y de la región sudamericana. Con anterioridad lanzó su oferta de "puente aéreo" entre La Paz y Santa Cruz para vincular de manera eficiente a estas dos ciudades con mayores frecuencias y en horarios cómodos para el pasajero. Esta vinculación está orientada fundamentalmente al pasajero corporativo, sea empresario, ejecutivo, autoridad o de negocios. En la actualidad Amaszonas dispone de más de 10 vuelos al día entre Santa Cruz y La Paz y viceversa. En cuanto a las rutas turísticas, traslada una importante cantidad de turistas a las ciudades de Uyuni y Rurrenabaque, con operaciones diarias y constantes a ambos destinos./ANF
El día que un avión aterrizó en el Pilcomayo
Una tarde de febrero de 1954, la tragedia rondó los cielos bolivianos cuando un avión del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) sufrió un incidente que puso a su tripulación y sus pasajeros al borde de una muerte segura.
A mediados de la década de 1950, el LAB era la única empresa aérea comercial que cubría las principales rutas del país, convirtiéndose por entonces en el principal vínculo integrador en una época en la que las carreteras eran precarias —o no existían— y los ferrocarriles, escasos.
La empresa bandera nacional contaba para su servicio con un lote de los hoy legendarios aviones Douglas DC-3 y DC-6, versiones que habían sido utilizadas como transporte de tropas y material bélico en la II Guerra Mundial. Esas aeronaves fueron acondicionadas para la actividad comercial y por mucho tiempo brindaron un valioso aporte a la integración aérea boliviana.
El avión había despegado al promediar las tres de la tarde del aeropuerto “Lajastambo” de Sucre, llevando a bordo algo menos de veinte pasajeros de los treinta asientos de los que disponía la aeronave.
“Cuando salimos de aquí nos elevamos y comenzamos a volar sobre una especie de sábana blanca; eran las nubes que estaban bajas y arriba predominaba un sol radiante”, recuerda el abogado Jaime Ampuero García, por entonces un joven aspirante a ingresar a la universidad.
Él, como otros pasajeros, tenía como destino la ciudad de Tarija, hacia donde se dirigía el DC-3 en su primera escala, mientras otros debían continuar viaje hasta la población chaqueña de Yacuiba.
En ese entonces, la central del LAB en Cochabamba monitoreaba y brindaba información a todos los vuelos de la empresa a través de un sistema de radio, y el contacto entre los pilotos y la torre de control de la capital valluna era permanente.
“Volábamos plácidamente observando ese paisaje tan lindo, una sábana interminable”, recuerda Ampuero.
Al cabo de alrededor de 70 minutos, el piloto se aproxima al aeropuerto de Tarija, donde debía aterrizar en su primera escala. Sin embargo, el mal tiempo en esa estación impide que el avión pueda tomar tierra pese a que el comandante, el capitán Lehm, había pedido permiso para intentar una maniobra que le fue negada por ser demasiado riesgosa y no estaba permitida.
“Le ordenan que vaya a Yacuiba hasta que se despeje Tarija. Nos dirigimos a Yacuiba y lo mismo: estaba nublado y no pudimos ingresar. Pero lógicamente ya estábamos intranquilos porque llevábamos cerca de dos horas volando”, dice Ampuero, quien recuerda que un halo de inquietud se instaló en la cabina debido a que llevaban mucho tiempo sin lograr aterrizar.
En el Chaco la situación climática era la misma, por lo que la base de Cochabamba vuelve a instruir al Comandante que retorne a Tarija a la espera de que el tiempo mejorara en ese lapso.
Sin embargo, el drama de los pasajeros del DC-3 apenas comenzaba. Cuando sobrevolaban cielo tarijeño, la base del LAB confirma que es imposible realizar cualquier intento de aterrizaje. La nueva instrucción es que el avión retorne a Sucre, con la previsión alternativa del aeropuerto de Culpina, que estaba en las proximidades.
Ampuero, por entonces un joven de casi 20 años, desconoce por qué el piloto decidió no tomar en cuenta Culpina. Aunque es posible que también el cielo estuviera encapotado en esa zona.
Mientras, el avance de la hora era otro factor en contra, pues las sombras de la noche acechaban al DC-3 después de más dos horas volando casi a la deriva. Entonces, el capitán enfila nuevamente a Sucre, donde el tiempo está despejado y es todavía posible aterrizar.
Sin embargo, los minutos más dramáticos de aquel vuelo estaban recién por llegar.
“Los pilotos se encontraban totalmente desesperados. De pronto, el copiloto deja la puerta (de la cabina) abierta, viene el asistente y le preguntamos qué estaba pasando. Nos dice que se había acabado el combustible y lo que estaban haciendo era bombear la gasolina que estaba en la cañería mediante un mecanismo parecido al de un inflador de mano”.
“Es ahí cuando cunde el pánico. Todos nos imaginamos un desastre, un accidente fatal. Había dos monjitas, el Gerente del Banco Central de Bolivia, un médico y otros más. Las personas estaban desesperadas: algunos rezaban, otros lloraban; en fin, era un caos”, añade Ampuero en su narración para ECOS.
“Yo también estaba en esa situación, pero de pronto dije: ‘Señor, ayúdame’. Porque me daba cuenta del cuadro que había. Los otros pasajeros me preguntaban si el motor estaba funcionando, porque yo podía verlo desde la ventanilla; luego me vino una tranquilidad increíble: yo pensaba en ese momento que si algún desastre iba a suceder, yo me iba a salvar”.
Con sus últimas reservas de combustible, el avión intentaba aproximarse al aeropuerto Lajastambo. Pero se agotaron y la aeronave empezó a descender, con el recurso de la aerodinámica, en busca de un lugar donde intentar un aterrizaje de emergencia.
La tripulación alertó a los pasajeros que debían tomar previsiones y cortó todos los circuitos eléctricos, entre ellos el funcionamiento de la radio.
Ampuero cuenta que, antes, los pilotos habían enviado dramáticos mensajes de despedida a sus familiares en Cochabamba, mientras el Comandante informaba al control sobre su última posición geográfica antes de cortar la comunicación.
El DC-3 descendía ya con los motores apagados hacia un aterrizaje incierto, en medio de la angustia y el pavor de los pasajeros que a duras penas podían mantener la calma. “Recuerdo claramente cuando comenzó a planear el avión después de que se apagó el motor, ya no funcionaban los motores y veíamos los cerros y los árboles cada vez más cerca, no sabíamos nosotros dónde estábamos”.
Dado que no había ninguna posibilidad de carretear, el piloto no bajó el tren de aterrizaje.
En el primer impacto contra el suelo una parte de la cola del avión se desprende y la cabina de pasajeros se llena de polvo. Luego, la aeronave rebota, “todavía a una increíble velocidad” y, en una muestra de gran maestría, el capitán logra hacer un viraje, hacia la izquierda, en el que se rompe el ala. Milagrosamente, el averiado DC-3 se detiene con brusquedad pocos metros antes de impactar contra un cerro. Lo que vendrá, es pura desesperación. Rápidamente, los pilotos ingresan a la cabina de pasajeros y comprueban que nadie ha sufrido mayores lesiones, salvo golpes menores y rasguños.
“Fueron fracciones de segundo, no nos dio a pensar. Pasa el primer momento y la tripulación, luego de verificar el estado de los pasajeros, saca unas pequeñas hachas y comienza a romper los vidrios de la cabina, por donde pudimos salir con su ayuda”, prosigue Ampuero.Arrodillados en la arena, los pasajeros y la tripulación aún no pueden creer lo sucedido.
En el cielo, casi oscurecido, un avión de la FAB sobrevuela el lugar y envía a la cabina un mensaje sobre la posición exacta del incidente. Les informa que están en el río Pilcomayo y que deben caminar unos cuantos kilómetros “hasta una hacienda”, donde estarían más seguros.
La playa del río se abre notoriamente en el sector de Sotomayor, donde el piloto logró la hazaña de salvar a los pasajeros de aquel angustioso vuelo regular. Luego, el Comandante comentaría que, además de sus cartas de vuelo, siempre tenía señalado el Pilcomayo como referente en su ruta hacia el sur.
“Con la ayuda de algunos campesinos que llegaron, nos trasladamos todos a la hacienda de Sotomayor, que estaba relativamente cerca; casi al oscurecer, nerviosos, fatigados. Los pasajeros tenían algunos pequeños golpes, pero todos podíamos caminar”, relata Ampuero.
Ya en la noche, mientras el alivio volvía a los atribulados pasajeros, la tripulación compartió en la antigua hacienda una taza de café y una lata de galletas que había traído desde la aeronave accidentada.
“Recuerdo que hubo un hecho realmente curioso. Cuando nos presentábamos, un señor dice llamarse Montesquieu, y luego le llega el turno a otro pasajero y le dice: ‘Mucho gusto, yo soy Diderot’. El primero le responde que no era para hacerse la burla, ‘¡yo me llamo Montesquieu, aquí está mi pasaporte!’. ‘¡Y yo también soy Diderot!’, le respondió su interlocutor. Ambos mostraron sus pasaportes”.
Al día siguiente, los pasajeros fueron recogidos de Sotomayor por un bus que el LAB utilizaba para el transporte desde y hacia el aeropuerto de Sucre. Como es lógico, la algarabía y el alivio de los familiares fue la nota predominante del recibimiento en la capital, dado que pocas horas antes se había dispuesto inclusive la penosa preparación de ataúdes para lo que se consideraba una inevitable tragedia.
Dos días después, el LAB reprogramó su vuelo a Tarija, en el que el único anotado de la lista inicial fue Jaime Ampuero García, quien tenía que llegar a la ciudad sureña para rendir su examen de ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad Juan Misael Saracho.
El joven estudiante, a pesar de que después sufrió una crisis temporal de inseguridad, “tenía miedo de cruzar la calle hasta cuando venía una bicicleta”. Nunca tuvo fobia a los vuelos y durante toda su vida utilizaría el avión como medio de transporte.
Años más tarde, ya siendo profesional, pudo realizar una destacada carrera judicial que lo llevó incluso a desempeñarse como ministro de la Corte Suprema de Justicia.
El avión accidentado fue reparado en el lecho del río y, meses después de aquella dramática aventura, tras la habilitación de una pista improvisada, el mismo capitán Lehm levantó vuelo del lugar en la aeronave, redondeando así una de las proezas más notables de la aviación civil boliviana.
“Fue, para todos nosotros, como volver a nacer después de un día desesperante”, concluye Ampuero en su relato para ECOS, nada menos que 61 años después.
A mediados de la década de 1950, el LAB era la única empresa aérea comercial que cubría las principales rutas del país, convirtiéndose por entonces en el principal vínculo integrador en una época en la que las carreteras eran precarias —o no existían— y los ferrocarriles, escasos.
La empresa bandera nacional contaba para su servicio con un lote de los hoy legendarios aviones Douglas DC-3 y DC-6, versiones que habían sido utilizadas como transporte de tropas y material bélico en la II Guerra Mundial. Esas aeronaves fueron acondicionadas para la actividad comercial y por mucho tiempo brindaron un valioso aporte a la integración aérea boliviana.
El avión había despegado al promediar las tres de la tarde del aeropuerto “Lajastambo” de Sucre, llevando a bordo algo menos de veinte pasajeros de los treinta asientos de los que disponía la aeronave.
“Cuando salimos de aquí nos elevamos y comenzamos a volar sobre una especie de sábana blanca; eran las nubes que estaban bajas y arriba predominaba un sol radiante”, recuerda el abogado Jaime Ampuero García, por entonces un joven aspirante a ingresar a la universidad.
Él, como otros pasajeros, tenía como destino la ciudad de Tarija, hacia donde se dirigía el DC-3 en su primera escala, mientras otros debían continuar viaje hasta la población chaqueña de Yacuiba.
En ese entonces, la central del LAB en Cochabamba monitoreaba y brindaba información a todos los vuelos de la empresa a través de un sistema de radio, y el contacto entre los pilotos y la torre de control de la capital valluna era permanente.
“Volábamos plácidamente observando ese paisaje tan lindo, una sábana interminable”, recuerda Ampuero.
Al cabo de alrededor de 70 minutos, el piloto se aproxima al aeropuerto de Tarija, donde debía aterrizar en su primera escala. Sin embargo, el mal tiempo en esa estación impide que el avión pueda tomar tierra pese a que el comandante, el capitán Lehm, había pedido permiso para intentar una maniobra que le fue negada por ser demasiado riesgosa y no estaba permitida.
“Le ordenan que vaya a Yacuiba hasta que se despeje Tarija. Nos dirigimos a Yacuiba y lo mismo: estaba nublado y no pudimos ingresar. Pero lógicamente ya estábamos intranquilos porque llevábamos cerca de dos horas volando”, dice Ampuero, quien recuerda que un halo de inquietud se instaló en la cabina debido a que llevaban mucho tiempo sin lograr aterrizar.
En el Chaco la situación climática era la misma, por lo que la base de Cochabamba vuelve a instruir al Comandante que retorne a Tarija a la espera de que el tiempo mejorara en ese lapso.
Sin embargo, el drama de los pasajeros del DC-3 apenas comenzaba. Cuando sobrevolaban cielo tarijeño, la base del LAB confirma que es imposible realizar cualquier intento de aterrizaje. La nueva instrucción es que el avión retorne a Sucre, con la previsión alternativa del aeropuerto de Culpina, que estaba en las proximidades.
Ampuero, por entonces un joven de casi 20 años, desconoce por qué el piloto decidió no tomar en cuenta Culpina. Aunque es posible que también el cielo estuviera encapotado en esa zona.
Mientras, el avance de la hora era otro factor en contra, pues las sombras de la noche acechaban al DC-3 después de más dos horas volando casi a la deriva. Entonces, el capitán enfila nuevamente a Sucre, donde el tiempo está despejado y es todavía posible aterrizar.
Sin embargo, los minutos más dramáticos de aquel vuelo estaban recién por llegar.
“Los pilotos se encontraban totalmente desesperados. De pronto, el copiloto deja la puerta (de la cabina) abierta, viene el asistente y le preguntamos qué estaba pasando. Nos dice que se había acabado el combustible y lo que estaban haciendo era bombear la gasolina que estaba en la cañería mediante un mecanismo parecido al de un inflador de mano”.
“Es ahí cuando cunde el pánico. Todos nos imaginamos un desastre, un accidente fatal. Había dos monjitas, el Gerente del Banco Central de Bolivia, un médico y otros más. Las personas estaban desesperadas: algunos rezaban, otros lloraban; en fin, era un caos”, añade Ampuero en su narración para ECOS.
“Yo también estaba en esa situación, pero de pronto dije: ‘Señor, ayúdame’. Porque me daba cuenta del cuadro que había. Los otros pasajeros me preguntaban si el motor estaba funcionando, porque yo podía verlo desde la ventanilla; luego me vino una tranquilidad increíble: yo pensaba en ese momento que si algún desastre iba a suceder, yo me iba a salvar”.
Con sus últimas reservas de combustible, el avión intentaba aproximarse al aeropuerto Lajastambo. Pero se agotaron y la aeronave empezó a descender, con el recurso de la aerodinámica, en busca de un lugar donde intentar un aterrizaje de emergencia.
La tripulación alertó a los pasajeros que debían tomar previsiones y cortó todos los circuitos eléctricos, entre ellos el funcionamiento de la radio.
Ampuero cuenta que, antes, los pilotos habían enviado dramáticos mensajes de despedida a sus familiares en Cochabamba, mientras el Comandante informaba al control sobre su última posición geográfica antes de cortar la comunicación.
El DC-3 descendía ya con los motores apagados hacia un aterrizaje incierto, en medio de la angustia y el pavor de los pasajeros que a duras penas podían mantener la calma. “Recuerdo claramente cuando comenzó a planear el avión después de que se apagó el motor, ya no funcionaban los motores y veíamos los cerros y los árboles cada vez más cerca, no sabíamos nosotros dónde estábamos”.
Dado que no había ninguna posibilidad de carretear, el piloto no bajó el tren de aterrizaje.
En el primer impacto contra el suelo una parte de la cola del avión se desprende y la cabina de pasajeros se llena de polvo. Luego, la aeronave rebota, “todavía a una increíble velocidad” y, en una muestra de gran maestría, el capitán logra hacer un viraje, hacia la izquierda, en el que se rompe el ala. Milagrosamente, el averiado DC-3 se detiene con brusquedad pocos metros antes de impactar contra un cerro. Lo que vendrá, es pura desesperación. Rápidamente, los pilotos ingresan a la cabina de pasajeros y comprueban que nadie ha sufrido mayores lesiones, salvo golpes menores y rasguños.
“Fueron fracciones de segundo, no nos dio a pensar. Pasa el primer momento y la tripulación, luego de verificar el estado de los pasajeros, saca unas pequeñas hachas y comienza a romper los vidrios de la cabina, por donde pudimos salir con su ayuda”, prosigue Ampuero.Arrodillados en la arena, los pasajeros y la tripulación aún no pueden creer lo sucedido.
En el cielo, casi oscurecido, un avión de la FAB sobrevuela el lugar y envía a la cabina un mensaje sobre la posición exacta del incidente. Les informa que están en el río Pilcomayo y que deben caminar unos cuantos kilómetros “hasta una hacienda”, donde estarían más seguros.
La playa del río se abre notoriamente en el sector de Sotomayor, donde el piloto logró la hazaña de salvar a los pasajeros de aquel angustioso vuelo regular. Luego, el Comandante comentaría que, además de sus cartas de vuelo, siempre tenía señalado el Pilcomayo como referente en su ruta hacia el sur.
“Con la ayuda de algunos campesinos que llegaron, nos trasladamos todos a la hacienda de Sotomayor, que estaba relativamente cerca; casi al oscurecer, nerviosos, fatigados. Los pasajeros tenían algunos pequeños golpes, pero todos podíamos caminar”, relata Ampuero.
Ya en la noche, mientras el alivio volvía a los atribulados pasajeros, la tripulación compartió en la antigua hacienda una taza de café y una lata de galletas que había traído desde la aeronave accidentada.
“Recuerdo que hubo un hecho realmente curioso. Cuando nos presentábamos, un señor dice llamarse Montesquieu, y luego le llega el turno a otro pasajero y le dice: ‘Mucho gusto, yo soy Diderot’. El primero le responde que no era para hacerse la burla, ‘¡yo me llamo Montesquieu, aquí está mi pasaporte!’. ‘¡Y yo también soy Diderot!’, le respondió su interlocutor. Ambos mostraron sus pasaportes”.
Al día siguiente, los pasajeros fueron recogidos de Sotomayor por un bus que el LAB utilizaba para el transporte desde y hacia el aeropuerto de Sucre. Como es lógico, la algarabía y el alivio de los familiares fue la nota predominante del recibimiento en la capital, dado que pocas horas antes se había dispuesto inclusive la penosa preparación de ataúdes para lo que se consideraba una inevitable tragedia.
Dos días después, el LAB reprogramó su vuelo a Tarija, en el que el único anotado de la lista inicial fue Jaime Ampuero García, quien tenía que llegar a la ciudad sureña para rendir su examen de ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad Juan Misael Saracho.
El joven estudiante, a pesar de que después sufrió una crisis temporal de inseguridad, “tenía miedo de cruzar la calle hasta cuando venía una bicicleta”. Nunca tuvo fobia a los vuelos y durante toda su vida utilizaría el avión como medio de transporte.
Años más tarde, ya siendo profesional, pudo realizar una destacada carrera judicial que lo llevó incluso a desempeñarse como ministro de la Corte Suprema de Justicia.
El avión accidentado fue reparado en el lecho del río y, meses después de aquella dramática aventura, tras la habilitación de una pista improvisada, el mismo capitán Lehm levantó vuelo del lugar en la aeronave, redondeando así una de las proezas más notables de la aviación civil boliviana.
“Fue, para todos nosotros, como volver a nacer después de un día desesperante”, concluye Ampuero en su relato para ECOS, nada menos que 61 años después.
lunes, agosto 03, 2015
Autoridades gestionarán ingreso de nuevas aerolíneas a Oruro
El gobernador de Oruro, Víctor Hugo Vásquez aseguró que una vez que pasen las fiestas patrias, se movilizará para visitar las aerolíneas tanto privadas como públicas para que puedan brindar el servicio de vuelos desde y hacia esta ciudad.
Sin embargo, sostuvo que para esto también deben concluir los trabajos que se realizan para la mejora del aeropuerto, como es el traslado de las torres de energía eléctrica que estaban ubicadas en la zona Norte de la pista de aterrizaje, que ya comenzó y que se pretende concluir hasta octubre.
Oruro se quedó con vuelos hacia Cochabamba y Santa Cruz, que ofrece Transporte Aéreo Militar (TAM), pues la empresa Aerocom suspendió el servicio porque no le renovaron su licencia y Amaszonas porque no se dan las condiciones en el aeropuerto, especialmente el abastecimiento de combustible.
Respecto al traslado de las torres de alta tensión, Vásquez sostuvo que son siete las que deben ser removidas y que ya se comenzó. Espera que este trabajo se agilice y concluya en dos meses. "Hemos solicitado a la empresa transportadora de electricidad para que puedan remover estas torres de energía eléctrica y de esta forma facilitar el aterrizaje de las naves y uso del aeropuerto", manifestó Vásquez.
Señaló que ya se gestionó el abastecimiento de combustible a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), en algunas semanas comenzará la implementación de la estación de servicio.
"La próxima semana estaremos empezando con el surtidor de combustible para facilitar a los aviones que llegan, y estoy convencido que hasta el próximo año tendremos un aeropuerto que ya no tenga estas dificultades", refirió.
En cuanto al relleno sanitario indicó que se está trabajando para su traslado, que lo que resta es entregar el proyecto a diseño final, y posteriormente se hará ese cambio de manera gradual.
Se pudo observar que las aves en el botadero son numerosas, y que invaden la pista poniendo en riesgo el aterrizaje y despeje de las aeronaves.
Sin embargo, sostuvo que para esto también deben concluir los trabajos que se realizan para la mejora del aeropuerto, como es el traslado de las torres de energía eléctrica que estaban ubicadas en la zona Norte de la pista de aterrizaje, que ya comenzó y que se pretende concluir hasta octubre.
Oruro se quedó con vuelos hacia Cochabamba y Santa Cruz, que ofrece Transporte Aéreo Militar (TAM), pues la empresa Aerocom suspendió el servicio porque no le renovaron su licencia y Amaszonas porque no se dan las condiciones en el aeropuerto, especialmente el abastecimiento de combustible.
Respecto al traslado de las torres de alta tensión, Vásquez sostuvo que son siete las que deben ser removidas y que ya se comenzó. Espera que este trabajo se agilice y concluya en dos meses. "Hemos solicitado a la empresa transportadora de electricidad para que puedan remover estas torres de energía eléctrica y de esta forma facilitar el aterrizaje de las naves y uso del aeropuerto", manifestó Vásquez.
Señaló que ya se gestionó el abastecimiento de combustible a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), en algunas semanas comenzará la implementación de la estación de servicio.
"La próxima semana estaremos empezando con el surtidor de combustible para facilitar a los aviones que llegan, y estoy convencido que hasta el próximo año tendremos un aeropuerto que ya no tenga estas dificultades", refirió.
En cuanto al relleno sanitario indicó que se está trabajando para su traslado, que lo que resta es entregar el proyecto a diseño final, y posteriormente se hará ese cambio de manera gradual.
Se pudo observar que las aves en el botadero son numerosas, y que invaden la pista poniendo en riesgo el aterrizaje y despeje de las aeronaves.
domingo, agosto 02, 2015
Malasia confirma que restos hallados son de un Boeing 777, similar al MH370
Los restos de avión encontrados en una remota isla del Índico pertenecen a un Boeing 777, similar al de Malaysia Airlines desaparecido sin rastro hace más de un año con 239 personas a bordo, confirmaron hoy las autoridades malasias.
El trozo de ala hallado el miércoles en la isla de La Reunión, al este de Madagascar, es de un Boeing 777, declaró el viceministro malasio de Transporte, Abdul Aziz Kaprawi, al diario "The Star".
El número de serie del fragmento, "657 BB", así lo demuestra, indicó Kaprawi tras ser informado por un portavoz de la aerolínea malasia.
No obstante, el viceministro precisó que aún no se ha comprobado que las partes "pertenezcan al MH370".
Previamente, el ministro australiano de Transportes, Warren Truss, había señalado que los restos se encuentran en una ruta que concuerda con los análisis del posible trayecto del avión desaparecido en 2014 pero advirtió de que es improbable localizar el resto del aparato.
"Después de 16 meses, los cambios repentinos de las corrientes impiden que se pueda crear un mapa inverso (de las corrientes). Por lo que no creo que contribuya mucho a saber donde el aparato se encuentra en el presente", apuntó Truss en rueda de prensa.
"El hecho de que los restos estén en la isla de La Reunión... es consistente con algunos de los mapas realizados en relación con el movimiento de las corrientes", agregó.
Expertos de Australia -país que lidera las tareas de búsqueda-, habían indicado poco antes que están "cada vez más seguros" de que los restos encontrados pertenecen al vuelo MH370.
"Estamos cada vez más seguros de que se trata de un fragmento del MH370", indicó Martin Dolan, jefe de la Oficina de Seguridad en el Transporte de Australia.
El fragmento es un "flaperon", una superficie de control del avión situada en el ala que actúa como alerón y solapa a la vez.
Tras el hallazgo, los expertos esperan encontrar pistas de lo que ocurrió con el avión malasio, que según la investigación se desvió de forma "intencionada" de su ruta entre Kuala Lumpur y Pekín.
Dolan, no obstante, también se hizo eco de los comentarios del primer ministro malasio, Najib Razak, quien aconsejó prudencia para no crear falsas esperanzas.
El avión de Malaysia Airlines sería el único Boeing 777 que se accidentó en el océano Índico.
Los expertos creen posible que, de haberse estrellado en el Índico, las corrientes marinas arrastraran algunos restos de la aeronave hasta La Reunión, un departamento francés situado a unos 4.000 kilómetros de donde se cree que ocurrió el siniestro.
Según el medio digital de la isla "Linfo.re", una botella con inscripciones en chino y otra en indonesio fueron encontradas hoy cerca de la playa donde apareció el pedazo de ala.
En el lugar también apareció ayer una maleta que está siendo analizada por los investigadores.
El "flaperon" y la maleta llegarán próximamente a un laboratorio especializado del Ejército del Aire francés situado en la ciudad francesa de Toulouse para que sean analizados.
Jospeh Poupin, analista de la Escuela Naval francesa que examinó el fragmento de ala, afirmó que los percebes que han aparecido en el objeto son "Lepa anatifera" y que por su tamaño pueden haberse adherido hace un año, según "Le Journal de l'ile" de La Reunión.
Las familias de las víctimas han reaccionado con cautela ante el descubrimiento del "flaperon" y otros restos.
"No sé qué pensar, pero hasta que se demuestre, no hay nada. Sólo tenemos que saber si es lo que pensamos que es", resumió la australiana Kaylene Mann, que perdió a su hermano y su cuñada en el avión desaparecido.
"Primero fue una alegría y luego tristeza. Ahora sólo son subidas y bajadas todo el rato, no sé", aseveró Mann, según el grupo Fairfax Media.
Un colectivo de familiares de los pasajeros chinos, los más numerosos en el avión desaparecido, pidió ayer cautela y criticó la falta de información que han recibido.
El Boeing 777 de la aerolínea malasia desapareció el 8 de marzo de 2014 tan solo cuarenta minutos después de haber despegado de Kuala Lumpur y de que alguien apagara los sistemas de comunicación.
El trozo de ala hallado el miércoles en la isla de La Reunión, al este de Madagascar, es de un Boeing 777, declaró el viceministro malasio de Transporte, Abdul Aziz Kaprawi, al diario "The Star".
El número de serie del fragmento, "657 BB", así lo demuestra, indicó Kaprawi tras ser informado por un portavoz de la aerolínea malasia.
No obstante, el viceministro precisó que aún no se ha comprobado que las partes "pertenezcan al MH370".
Previamente, el ministro australiano de Transportes, Warren Truss, había señalado que los restos se encuentran en una ruta que concuerda con los análisis del posible trayecto del avión desaparecido en 2014 pero advirtió de que es improbable localizar el resto del aparato.
"Después de 16 meses, los cambios repentinos de las corrientes impiden que se pueda crear un mapa inverso (de las corrientes). Por lo que no creo que contribuya mucho a saber donde el aparato se encuentra en el presente", apuntó Truss en rueda de prensa.
"El hecho de que los restos estén en la isla de La Reunión... es consistente con algunos de los mapas realizados en relación con el movimiento de las corrientes", agregó.
Expertos de Australia -país que lidera las tareas de búsqueda-, habían indicado poco antes que están "cada vez más seguros" de que los restos encontrados pertenecen al vuelo MH370.
"Estamos cada vez más seguros de que se trata de un fragmento del MH370", indicó Martin Dolan, jefe de la Oficina de Seguridad en el Transporte de Australia.
El fragmento es un "flaperon", una superficie de control del avión situada en el ala que actúa como alerón y solapa a la vez.
Tras el hallazgo, los expertos esperan encontrar pistas de lo que ocurrió con el avión malasio, que según la investigación se desvió de forma "intencionada" de su ruta entre Kuala Lumpur y Pekín.
Dolan, no obstante, también se hizo eco de los comentarios del primer ministro malasio, Najib Razak, quien aconsejó prudencia para no crear falsas esperanzas.
El avión de Malaysia Airlines sería el único Boeing 777 que se accidentó en el océano Índico.
Los expertos creen posible que, de haberse estrellado en el Índico, las corrientes marinas arrastraran algunos restos de la aeronave hasta La Reunión, un departamento francés situado a unos 4.000 kilómetros de donde se cree que ocurrió el siniestro.
Según el medio digital de la isla "Linfo.re", una botella con inscripciones en chino y otra en indonesio fueron encontradas hoy cerca de la playa donde apareció el pedazo de ala.
En el lugar también apareció ayer una maleta que está siendo analizada por los investigadores.
El "flaperon" y la maleta llegarán próximamente a un laboratorio especializado del Ejército del Aire francés situado en la ciudad francesa de Toulouse para que sean analizados.
Jospeh Poupin, analista de la Escuela Naval francesa que examinó el fragmento de ala, afirmó que los percebes que han aparecido en el objeto son "Lepa anatifera" y que por su tamaño pueden haberse adherido hace un año, según "Le Journal de l'ile" de La Reunión.
Las familias de las víctimas han reaccionado con cautela ante el descubrimiento del "flaperon" y otros restos.
"No sé qué pensar, pero hasta que se demuestre, no hay nada. Sólo tenemos que saber si es lo que pensamos que es", resumió la australiana Kaylene Mann, que perdió a su hermano y su cuñada en el avión desaparecido.
"Primero fue una alegría y luego tristeza. Ahora sólo son subidas y bajadas todo el rato, no sé", aseveró Mann, según el grupo Fairfax Media.
Un colectivo de familiares de los pasajeros chinos, los más numerosos en el avión desaparecido, pidió ayer cautela y criticó la falta de información que han recibido.
El Boeing 777 de la aerolínea malasia desapareció el 8 de marzo de 2014 tan solo cuarenta minutos después de haber despegado de Kuala Lumpur y de que alguien apagara los sistemas de comunicación.
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